Category Archives: CIVILIZACIÓN HISPANOAMERICANA

La evolución de las corrientes literarias del siglo XIX y sus características más importantes

Durante el siglo XIX, cinco movimientos literarios hacen su apariencia en Hispanoamérica. Estos movimientos, a lo largo del siglo coinciden, conviven o se entremezclan, dando lugar a una propia expresión literaria, es decir, propia de la Hispanoamérica. Se trata de las siguientes corrientes: Neoclasicismo, Romanticismo, Realismo, Naturalismo y Modernismo. Vamos a hacer referencia a cada movimiento a través de autores y obras más representativos.

El Neoclasicismo se desarrolla en América en la primera mitad del siglo XIX. Los temas preferidos de los neoclásicos fueron la emancipación del continente y su inmediata organización republicana[1]. De las ideas liberales de la Ilustración brotó el interés por la libertad y la lucha contra la tiranía. Los poetas pregonan las hazañas de los libertadores y el peculiar paisaje americano. Expresan la intolerancia y el descontento hacia las autoridades existentes y la sociedad corrompida y critican el estamento colonial. En el ámbito poético destacan José Joaquín de Olmedo (1780-1847), Andrés Bello (1781-1865), José María Heredia (1803-1839) y en la narrativa José Joaquín Fernández de Lizardi (1776-1827).

Olmedo en su Oda a la victoria de Junín canta las hazañas del Libertador Bolívar. Bello en la Alocución a la poesía describe la naturaleza virgen y en la Silva a la agricultura elogia la sencillez de la vida campesina en contraste con la ciudad (Franco;52). Heredia produjo una fusión entre los ideales neoclásicos de la Ilustración y los de un romanticismo apasionado (Bellini;212). En las composiciones En el Teocalli de Cholula y Niágara presta atención al paisaje y el escenario americano le sirve como inspiración. Lizardi reactualiza el género picaresco con la obra El periquillo sarniento. Sigue tecnicamente el modelo picaresco hispánico pero lo adapta a la situación mexicana. El pícaro es víctima del sistema colonial y producto de una sociedad corrompida de la que trata de evadirse (Bellini;196). No hay una línea divisoria entre Neoclasicismo y Romanticismo y los autores de la época oscilan entre el Neoclasicismo poniente y el Romanticismo naciente.

El Romanticismo triunfa en Hispanoamérica entre 1840 y 1890 junto con los estados independientes recién nacidos. La literatura hispanoamericana sitúa en el centro de sus instancias al hombre, en su derecho irrenunciable de ser libre, el momento en que se vuelve impetuosa y combativa (Bellini;216). Los intelectuales de la época siguen buscando la independencia de España, no sólo la jurídica sino la cultural también y ven en los románticos franceses, ingleses y alemanes los modelos que hay que seguir (Lorenzo;54). Dentro del Romanticismo podemos identificar tres orientaciones dependiendo de las diferentes formas de expresión: la literatura combativa, la literatura gauchesca y la literatura costumbrista.

La literatura combativa es de contenido político que se opone valientemente a los tiranos (GD31;129). El grupo más representativo de este género son “Los Proscritos”, grupo del que formaban parte Esteban Echeverría (1805-1851), José Mármol (1817-1871), Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888) y otros intelectuales, activos opositores al régimen de Rosas (Bellini;217).  El relato de Echeverría, El matadero, es una violenta protesta contra Rosas y la sociedad corrompida sobre la que se asentaba su poder (Bellini;218-219). El  desprecio de Mármol hacia el tirano se manifiesta en una serie de poemas reunidos en Armonías. En su novela Amalia, presenta una serie de episodios espeluznantes de la dictadura de Rosas, un testimonio de una época difícil de la vida argentina (Bellini;219-221). Sarmiento, en su obra Civilización y barbarie o Vida de Juan Facundo Quiroga, nos da la oposición entre la civilización y la barbarie que provoca el atraso del país (Lorenzo;55). Facundo es sólo un pretexto para que el escritor pueda llegar a la condena plena de Rosas y de su régimen despótico (Bellini;224).

La literatura gauchesca es un género dedicado a los gauchos, los hombres habitantes de las grandes llanuras de la Pampa argentina que hablan en un dialecto muy peculiar y tienen su propio código de honor (Lorenzo;54). La obra de José Hernández (1834-1886) Martín Fierro, es el ejemplo más conocido. Hernández protesta contra un mundo injusto que hacía del gaucho un marginado de la sociedad expresando así su visión personal bastante amarga de la sociedad argentina de la época (Bellini;230).

La literatura costumbrista se ocupa de la realidad social hispanoamericana y es de orientación sentimental o indianista. Los mejores ejemplos de narrativa romántica de orientación sentimental son las novelas María, del Jorge Isaacs (1837-1895) y Sab, de Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814-1873), en la cual se manifiesta la atormentada realidad cubana en el conflicto dramático entre un esclavo mulato y la hija del amo (Bellini;238). La novela indianista más interesante es el Enriquillo de Manuel de Jesús Galván (1834-1910) que trata del amor de un jefe indio con su prima que lleva en las venas sangre india y española (Franco;82) y el poema narrativo Tabaré de Juan Zorilla de San Martín (1855-1931). En el poema Zorilla relata las aventuras del homónimo personaje, un indio mestizo y la lucha interior de las dos razas que forman su ser (Bellini;245).

El Realismo llega al continente a mediados del siglo XIX. Las obras de esta etapa describen la realidad social de la época, critican los malos sociales y representan los personajes no como héroes románticos sino como tipos (el perezoso, el bondadoso). En el trabajo de Clorinda Matto de Türner (1854-1909), destacan dos temas predominantes: la situación del indígena y la posición de la mujer en el hogar y en la sociedad, ambos marginados de la sociedad, los cuales defiende en su obra Aves sin nido (Lorenzo;55). Alberto Blest Gana (1830-1920) introdujo el estilo realista en la literatura hispanoamericana con la obra Durante la Reconquista, novela histórica e innovadora por su realismo social que se sitúa en las vísperas de la independencia (Lorenzo;69).

El Naturalismo latinoamericano es para unos un rechazo o desplazamiento del Realismo y para otros un Realismo llevado a extremos. Sus bases ideológicas son el positivismo y las teorías evolucionistas de Darwin. Los temas de los cuales se preocupa son el peso fatal de la herencia biológica y el extremado deseo de riqueza que mueve a la sociedad (Lorenzo;68). Federico Gamboa (1864-1939) en las novelas Suprema Ley y Santa trata primordialmente de la hipocresía de la clase media (Franco;103). Baldomiro Lillo (1867-1923) se incorporó en las filas del Naturalismo con narraciones vigorosas, como las reunidas en Sub terra y en los Relatos populares (Bellini;295). Eugenio Cambaceres (1843-1888), autor de las novelas Sin rumbo y En la sangre combina la condenación del lujo y la perversidad de la ciudad con la tragedia de la herencia (Franco;105).

El Modernismo como corriente literaria muestra la liberación cultural de Latinoamerica y se originó allí en las últimas décadas del siglo XIX. Surgió como reacción contra las corrientes precedentes. La temática se mueve entre dos extremos, unas veces es vitalista y sensual y otras es triste, malancólica y nostálgica. Los escritores se evaden y sueñan mundos de gran belleza, lo clásico, lo medieval, lo legendario, lo renacentista e incluso lo exótico (Lorenzo;76). José Martí (1853-1895) escribió prosa y poesía. Sus poemas Ismaelillo se basan en la paradoja de que la debilidad, la inocencia y la dependencia del niño constituyen su fuerza (Franco;123). Manuel Gutiérrez Nájera (1859-1895) fue un poeta atormentado por el deseo de la felicidad y en sus poemas ¿Para qué? y Ondas muertas describe el universo como una fuerza irracional (Franco;148). La poesía de Rubén Darío (1867-1916) refleja la inquietud de su vida. Azul, un título principal de Darío, exalta el amor carnal como algo vinculado a la armonía cósmica y pinta el mal como la lucha por la vida (Franco;152).

BIBLIOGRAFÍA

Bellini, Giuseppe. Nueva historia de la literatura hispanoamericana. Editorial Castalia, Madrid, 1997.

Crida, C., Rodríguez, R., Vargas, A. ΠολιτισμόςτηςλατινικήςΑμερικής, Guía Didáctica. Πάτρα: ΕΑΠ, 2002 (GD31)

Franco, Jean. Historia de la literatura hispanoamericana. A partir de la independencia. Editorial Ariel, Barcelona, 1999 (13ª edición)

Lorenzo, Pino, Hermida (Equipo de autoras de Cursos Internacionales de la Universidad de Santiago de Compostela). Curso de Literatura. Madrid: Edelsa, 2006

Morazé, Charles (coord). Ιστορία της ανθρωπότητας. Τόμος VΒ΄,19ος ΑΙΩΝ. UNESCO, 1963

Χουρμουζιάδης, Γ. Δ. Ανθολογία Αργεντινού Διηγήματος. Εκδοτικός Οίκος «Βάκων», Αθήνα, 1967.

FUENTES ELECTRÓNICAS

El neoclasicismo, otra rama de la corriente de la ilustración.

http://www.edufuturo.com/educacion.php?c=2474

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El Muralismo mexicano

 

La obra artística de los muralistas José Clemente Orozco (1863-1949), Diego Rivera (1886-1957) y David Alfaro Siqueiros (1896-1974) y la influencia social que el muralismo ha tenido en la posteridad.

 

Los artistas José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros fueron las figuras máximas del muralismo mexicano. Orozco trabajó primero casi exclusivamente la caricatura política. En 1916 muestra en una exposición memorable su tema del momento, la pobredumbre de la sociedad que pretende extirpar, seres deformes, prostitutas, engendros. Deliberadamente lo mueve la intención de transformar tales personajes en los héroes arquetipos de la Revolución, hasta llegar a la trinidad del campesino, obrero y soldado en el mural de la escuela Preparatoria (1923). Siqueiros viajó a Europa en 1919 como agragado militar de la Embajada de México en Madrid (Castedo;90). En París conoció a Rivera quien estudiaba allí el arte de vanguardia.

Sus vidas se cruzaron cuando se unieron para iniciar el movimiento muralista. Desde entonces empezó su trayectoria común. Esto sucedió en 1920, cuando José Vasconcelos, Ministro de la Cultura en México, encargó a los artistas los primeros murales. La idea era desarrollar un arte mural de grandes proporciones que en vez de ser patrimonio privado de una élite, fuese accesible a todos los ciudadanos. Los artistas eran jóvenes y desconocidos y Vasconcelos los atrajo sin otra promesa que la de ofrecerles un modesto subsidio y todas las paredes que quisiesen usar (Fox;190).

Rivera y Siqueiros, recién regresados de Europa donde se habían formado artísticamente y en contacto con los movimientos de vanguardia, se abrieron a las potencialidades de un arte nuevo y renovador usando sus experiencias europeas. El nuevo arte  pasó rápidamente a ser considerado obra de comunicación para el público, arte para el pueblo, pues la novedad fue el hecho de que los espacios públicos permiten la comunicación y cada espacio público es bueno (Viñuales;265).

El movimiento muralista pronto desbordó las intenciones originales de su inspirador (Fox;190). Pasó de ser una simple decoración de las paredes de México. Los pintores, influidos por el cubismo y la vanguardia artística europea, incorporaron las técnicas de esos movimientos a los murales que pintaban (Fox;191). Mezclaron la tradición india con la modernidad pictórica, integraron las técnicas del arte moderno en los temas nacionales. Los nuevos enfoques que se dedicaron a desarrollar fueron la cuestión social, como cuestión de orden político, y la cuestión nacional, como problema histórico e indigenista. El lenguaje plástico directo, sencillo y poderoso que usaron tenía como objetivo la incitación de las masas populares a la toma de conciencia revolucionaria y nacional y el puesto en servicio  de cierta interpretación de la historia en unos murales de convincente fuerza expresiva. De tendencia nacionalista, didáctica y popular, el movimiento pretendía poner en práctica la concepción del “arte en la calle” que los pintores defendían, poniéndolo al servicio de una ideología claramente izquierdista[1].

De esta comunidad ideológica que se desarrolló durante este período (1920-1923) surgió la idea del Sindicato de Trabajadores Técnicos, Pintores y Escultores, fundado bajo la premisa de que el artista del México Revolucionario no era más que un obrero al servicio del pueblo (Fox;192). Momento crítico fue la elaboración de su documento programático, su Manifiesto: “Repudiamos la pintura llamada de caballete y todo arte de cenáculo ultra-intelectual por aristocrático y exaltamos las manifestaciones de arte monumental por ser de utilidad pública” (Viñuales;261-262). El manifiesto había establecido las bases: pintura grandiosa, cuanto más descomunal mejor; realismo absoluto, sin concesiones de ninguna clase al desahogo de actitudes líricas; dolor, mártires desgarrados como basamento emocional de los nuevos constructores; técnicas renovadas que hicieran la historia llevada a los murales más vibrante y atractiva al pueblo; libertad en las responsabilidades del tratamiento individual, y de desahogo de una crítica recíproca que resultó la más de las veces violenta y que fue a la postre el germen de la disgregación y del cierre del ciclo histórica-artístico (Castedo;91).El contenido y el lenguaje de este manifiesto revelan la influencia de la concepción marxista de la obra de arte, sobre todo en Ribera y Siqueiros que se habían convertido al comunismo. Revela también el inicio de una actitud dogmática que se fue acentuando en los años siguientes (Fox;192).

En México el bienio 1923-1924 fue el más fértil y el más crítico para la pintura muralista (Viñuales;263). A partir de junio de 1923 los murales revolucionarios se convierten en blanco de las críticas de la oligarquía y buena parte de la clase media, que sólo aceptan la pintura académica europea y de caballete (GD31;167). Especialmente los de Orozco porque su obra se caracterizó por una violencia extrema y un “lenguaje” profano que se nota en su obra “Cristo destruyendo su cruz”. La opinión pública desconcertada atacaba a la vez a los pintores y a su patrocinador Vasconcelos. La nueva pintura no gozó de comprensión en el terreno estilístico y tampoco temático (Viñuales;264). Cuando la protesta contra el muralismo aumenta, Vasconcelos dimite y un decreto presidencial anula todos los encargos murales (GD31;167).

Lo que había pasado no concernía ni el ministro ni su concepción del arte y sus gustos estéticos. El problema fue que la pintura muralista no fue una solución decorativa, apacible que no ponía problemas, sino que una pintura a la que se asignaban mensajes complejos. La importancia del fenómeno muralista fue tal que se le atribuyó el papel de renovación del arte. Expresaba evidentemente con su carga potencial destrozadora la posibilidad de denunciar algo y a alguien; el imperialismo, el capitalismo, el clasismo, la guerra. De comunicar a las masas, de ofrecer la perspectiva de nuevos lidrazgos y de nuevos valores humanos y sociales, o de inducir a la reflexión sobre su propia condición y potencialmente a la rebeldía (Viñuales;265). Por eso la oligarquía y las clases altas dominantes quisieron hacer desaparecer a este fenómeno llamado muralismo.

Actualmente, el muralismo ha sido una enérgica fuente de inspiración para los grafiteros urbanos de hoy día. Rivera, Orozco y Siqueiros, los grandes muralistas del momento, dieron a conocer una nueva forma de asaltar las calles con la socialización de sus obras. Éste es uno de los espíritus que pervive en muchos de los jóvenes grafiteros, que después de haber ensayado en la escena ilegal, ahora son muralistas y sólo pintan de manera legal[2].

FUENTES ELECTRÓNICAS

David Alfaro Siqueiros

http://www.biografiasyvidas.com/biografia/s/siqueiros.htm

Diego Rivera

http://www.biografiasyvidas.com/biografia/r/rivera.htm

José Clemente Orozco

http://www.biografiasyvidas.com/biografia/o/orozco.htm

Instantáneas sobre el graffiti mexicano: historias, voces y experiencias juveniles por Tania Cruz Salazar

http://www.scielo.cl/pdf/udecada/v16n29/art07.pdf

BIBLIOGRAFÍA

Castedo, Leopoldo. Historia del arte Iberoamericano. Madrid: Alianza Editorial, 1988. (páginas;)

Crida, C., Rodríguez, R., Vargas, A. Πολιτισμός της λατινικής Αμερικής, Guía Didáctica. Πάτρα: ΕΑΠ, 2002 (GD31)

Fox, Arturo. Latinoamérica : presente y pasado. USA, New Jersey: Prentice Hall, 1998. (páginas )

Franco, Jean. Historia de la literatura hispanoamericana. A partir de la independencia. Editorial Ariel, Barcelona, 1999 (13ª edición)

Gutiérrez Viñuales y Ramón Gutiérrez. Pintura, escultura y fotografía en Iberoamérica, siglos XIX y XX. Ediciones Cátedra, Madrid, 1997 (páginas;)

Καραγεώργου-Μπαστέα Χρ., Κατσαρά, Μ., Munguia Zatarain Μ.Ε. Λογοτεχνία Λατινικής Αμερικής ΙΙ Εγχειρίδιο μελέτης.  Πάτρα : Ε.Α.Π. , 2001(GD42)

Lorenzo, Pino, Hermida (Equipo de autoras de Cursos Internacionales de la Universidad de Santiago de Compostela). Curso de Literatura. Madrid: Edelsa, 2006

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